ANDHRAY y la música que derrite a Colombia
En Bogotá la lluvia cae de lado. Cae sobre los buses, sobre los perros de la Caracas, sobre las chaquetas negras que a medianoche bajan por Chapinero buscando un beat. Cae como si el cielo le debiera plata a alguien. Y debajo, en un sótano, una muchacha gira una perilla y el agua se vuelve ácido.
Así suena ANDHRAY: como una ciudad mojada que decidió no irse a dormir.
Cuando el beat era un lujo
En los ochenta y buena parte de los noventa, la electrónica en Colombia era cosa de quien pudiera pagar un cover caro o un tiquete a un club de afuera. Lo ha contado Luis Vargas, alias Sónico, que estuvo ahí. Después algo se rompió: Club Cinema empezó a programar DJs que buscaban lo extremo, y el colectivo Bogotrax sacó la música a la calle durante diez días, la llevó a los barrios del sur y hasta a la Cárcel Modelo.
Vinieron Techsound, la casa de Sónico, y Radikal Styles, que trajo a Richie Hawtin y a Lenny Dee. Lenny Dee, pionero del hardcore neoyorquino y fundador de Industrial Strength Records —un nombre que hoy suena a profecía—, dijo que la escena colombiana era de las mejores del mundo. Hubo noches de hardcore en un antiguo club de striptease de Chapinero, con fila en la calle y policía en la puerta.
En una ciudad donde la ley mandaba apagar la música a las tres, la gente aprendió a bailar más rápido. Así se hizo la escena: a punta de bodegas, cables prestados, flyers fotocopiados y crews que se negaban a desaparecer. Beat, beat, beat. Lluvia, lluvia, lluvia. Nadie pidió permiso.
Una muchacha y su sello
ANDHRAY nació en Bogotá y empezó en 2018. Un año después fundó Industrial Girls: sello, fiesta y agencia para que el underground dejara de ser un club de hombres con audífonos. No pidió un lugar en la cabina; construyó la cabina.
Su sonido es lo que la ciudad aprendió en los sótanos. Hipnosis oscura. Líneas de acid que se retuercen como cables mojados. Un groove que no pide perdón. Ella lo resume en una frase que funciona como contraseña: “música sensual para gente sensual”.
Con esa contraseña ha entrado a BAUM Festival, Ritvales, Sensor y Radikal Styles, la misma casa que trajo a Lenny Dee. La Nochebuena pasada compartió cartel con Sónico en Bogotá: el que abrió la puerta y la que la mantiene abierta, en la misma noche. La genealogía se cierra sola.
El año en que se fue y volvió
El Halloween de 2025 lo tocó en Roma. Al día siguiente llevó Industrial Girls a Lyon, con un line up cien por ciento femenino. En junio de 2026 volvió a Roma con su sello, y en julio cruzó Berlín: un set en los estudios de HÖR y el afterparty del CSD, el orgullo berlinés. Doce países, dos continentes, una maleta llena de discos y de humo.
Que haya cerrado el orgullo de Berlín y ahora llegue a una noche con La Maricoteka no es casualidad: es coherencia. Ahora vuelve. Y vuelve al sur.
Pasto, 31 de octubre
Pasto ya la conoce. La vivió en Volcano Rave, con Kasa del Sol (@kasadelsol.co), y no la ha olvidado: hay pistas que guardan la memoria de un set como la piel guarda el sol. Esta vez llega a MORBO, la noche de Halloween que arman Void Psy, Macabro Core y La Maricoteka, con dos ambientes: uno de rave, hard techno y acid, otro de tropikal y perreo.
Morbo es la palabra exacta. Es mirar lo que no se debe y no poder dejar de mirar. Dicen los neurocientíficos que la dopamina se enciende más en la espera que en el premio; por eso los días antes de una fiesta se sienten como una fiebre lenta. Y por eso, cuando por fin el beat entra al pecho, uno descubre que tiene otro corazón, más rápido, más sucio, más honesto.
El Halloween pasado lo tocó en Roma. Este lo toca aquí.
El agua ya sabe qué hacer.
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